En las cimas de la cordillera de los Andes, por encima del límite de los bosques altoandinos, se encuentra una de las formaciones vegetales más extraordinarias de Colombia: los Páramos Andinos.

Este clima tropical frío, se extiende desde el límite superior del bosque hasta el límite inferior de las nieves, abarcando elevaciones que pueden ir desde los 3.500 hasta por encima de los 4.300 msnm, ha dado origen a una variedad de organismos con adaptaciones asombrosas para tolerar las condiciones climáticas extremas y las marcadas diferencias diurnas y nocturnas.

Desde el punto de vista funcional (vegetación) y biogeográfico, Cuatrecasas J., hace más de cuarenta años, estableció que los páramos son extensas regiones desarboladas que coronan las sumidas de las cordilleras por encima del bosque andino, desde 3800 m.s.n.m (localmente 3200 m.s.n.m) y que pueden dividirse en los subpisos: subpáramo, páramo propiamente dicho y superpáramo (Cuatrecasas, 1958.). Sin embargo, los límites altitudinales en que se ubican estos ecosistemas en las cordilleras no se deben generalizar a nivel nacional, debido a la diversidad de geoformas y topografía que se presentan en los Andes. Así, la cordillera Central presenta una gran cantidad de volcanes y relieve abrupto de contrastes topográficos, donde los páramos se inician aproximadamente entre los 3000 y 3400 m.s.n.m., mientras la cordillera Oriental, considerada el centro de los páramos húmedos de los Andes, es de topografía ondulada, con presencia de páramos entre 3200 -3600 m.s.n.m (van der Hammen, T. com.pers. 1996).

En la cordillera Occidental las grandes áreas de páramo en su mayoría son escasas y pequeñas, sin embargo se presentan algunos páramos representativos, cuyos límites superiores alcanzan los 3960 y 4200 m.s.n.m.

Entre los vertebrados, los reptiles son el grupo con menor representación y el grupo más diversificado es el de las aves, seguido de los anfibios y mamíferos. Con algún riesgo de amenaza de extinción se encuentran mamíferos como: la marmosa (Gracilinanus dryas), el guache (Nasuella olivacea), la danta (Tapirus pinchaque), la guagua (Dinomys branickii), la boruga de páramo (Agouti taczanowskii), el leopardo (Leopardus tigrinus), el venado (Mazama americana, Mazama rufina), el ciervo (Odocoileus virginianus), y el oso de anteojos (Tremarctos ornatus, Pudu mephistophiles, Olallamys albicauda, Sturnira aratathomasi). La posición orográfica, junto con la intensidad y distribución de las precipitaciones condiciona la presencia de páramos atmosféricamente húmedos y páramos atmosféricamente secos (Lauer, 1979; Cleef, 1981; Sturn & Rangel, 1985 en Geoingeniería-MMA. 1999. Identificación de Prioridades para la gestión ambiental en ecosistemas de páramos, sabanas, zonas áridas y humedales de agua dulce.)

Todas estas características en las montañas hacen que la vida en ella se manifieste de una manera excepcional, limitada por las condiciones climáticas, la dificultad para obtener oxígeno y los fuertes vientos, de igual forma estas limitaciones han generado especies únicas que dada su distribución se constituyen como endémicas o casi endémicas.

En las aves, las adaptaciones han hecho que se conviertan en especies locales, especialistas en estos tipos de ecosistemas, como algunos ejemplos se encuentran los colibríes, los cuales en los páramos propiamente dicho son más escasos que en los límites entre el bosque y el subparamo, esto debido a su diminuto cuerpo y el abúndate uso de energía; por otro lado un grupo más abundante son los semilleros, quienes han encontrado en la forma de fructificación de algunas especies de alta montaña la forma de conseguir energía para soportar su existencia en estos lugares.


Por. Fabio N. Arias / CHEC – FEC

 

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